Résumé
Comentario de texto sobre
El pajarito había volado de Manuel Vicent. Se trata de un texto sacado de
No pongas tus sucias manos sobre Mozart estudiado en el marco de la asignatura de lengua española en Terminal ES.
Indice:
Introduction
I) La atmósfera de la desaparición
II) El retrato del padre
III) Las tonterías de la chica
Conclusion
Texto estudiado:
Una mañana de junio, cuando la niña tenía dieciséis años y estudiaba tercero de BUP, su dulce madre fue a despertarla y se encontró la alcoba patas arriba, el armario revuelto y la cama vacía con una lanzada de sol en las sábanas. El pajarito había volado.
La mujer corrió, llorando, por el pasillo a contárselo a su marido, que se estaba afeitando en el cuarto de baño. El hombre sólo supo abrir la boca con media cara enjabonada y se quedó mirando su propia sorpresa en el espejo. ¿Qué hemos hecho que esté mal?, fue lo primero que pensó. Después se sentaron los dos en el tresillo del salón, él en pijama y con un carrillo lleno de espuma, ella con un pañuelo húmedo en la nariz. No entendían nada.
El padre de familia vio alrededor su pequeño reino derrumbado, el televisor, las bandejas de plata, los libros de sociología en el anaquel, las cerámicas del siglo XVII, los ceniceros de loza popular, los cuadros de pintura abstracta en las paredes, la carrera que había hecho, las oposiciones ganadas, los tres meses de cárcel por rojo, las arañas del comedor, la confianza de su jefe, la estampa de Guernica sobre el arcón castellano, el respeto de los vecinos, el reloj de pesas que daba horas redondas y dulces como uvas en el espacio de un hogar progresista. Alguien había corrido una trampilla y todo se había venido abajo. Estaban los dos en silencio hasta que la madre saltó:
- Si le hubieras soltado un bofetón a tiempo.
- ¿Qué quieres?
- ... aquella vez que llegó a casa con los labios pintados de negro, con una pluma de pato en la oreja.
- No sé pegar a nadie. ¿Qué quieres que haga?
- Haberla molido a palos como se ha hecho siempre.
- No entiendo. Lo tenía todo.
La niña lo tenía todo. Incluso los padres habían tratado de comprender la vida moderna, aunque sin éxito. La perdonaron aquella vez que hurtó algunos discos de unos almacenes, celebraron la gracia cuando se pintó el pelo color calabaza para asistir a una fiesta, la vieron pasar un día a cien por hora en un portaequipaje de una motocicleta de escape trucado abrazando la barriga de un desconocido; tampoco se alarmaron demasiado al comprobar que en la alcoba de la niña el antiguo hedor a tocino podrido se había dulcificado con el perfume de un humo extraño y que entre las páginas de los libros de texto había colillas liadas con papel de fumar marca Abadie. Después de todo, la juventud tiene sus ritos, que hay que respetar.